La Fraternidad

Cuentos Silvestres VS Salvaje Escepticismo

In conciertos, Curiosidades, Eventos, Festivales, Fotografía, Lo que nos inspira, Música, publicidad, Valeria Araya on 28 mayo, 2013 at 18:29

La última y nos vamos.

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NOTA PREVIA:

 

Habiéndome dado cuenta del patrón que he estado siguiendo a lo largo de mis entradas en el blog, me he percatado de la ausencia de cuentos en él (Asunto que es un tanto ridículo, ya que en innumerables ocasiones he declarado abiertamente mi gusto por la narrativa en ellos.) 

Fue hace ya unas semanas, cuando por medio de una plática casual,  llegó a mis oídos una historia que al principio sonó un tanto ridícula y ante la cual, por los mismos motivos, mostré un enorme escepticismo. 

Pasados unos días,  indagando un poco más, decidí contactar a la extraña chica protagonista de la historia, y con ello, me encuentro aquí, de nuevo, dispuesta a escribir su historia a manera de redimir mis culpas por la situación antes mencionada con los cuentos, siendo ese mismo disparate, el mötor de encontrarme escribiendo hoy.

¿Por qué un cuento?

Mi gusto en la escritura de cuentos, radica en cómo se narran los hechos. Uno, afortunadamente, no tiene que relatar las cosas como realmente pasaron, sino como se registraron en nuestra cabeza o, en su defecto, como nos hubiera gustado que sucedieran: misma razón por la que decidí dejar mi escepticismo de lado y contactar a la chica protagonista de la disparatada historia de la que antes hice mención.

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Era uno de esos días en que uno suele despertarse sin ánimos de salir de la rutina.  De esos días, donde se desea que no haya sorpresas: ni de las buenas, ni de las malas.

Con esa frase, se puede resumir lo que una joven esperaba que ocurriese el pasado 17 de mayo. Eso y nada más.

Al menos, de acuerdo con lo que puedo recordar, eso, fue lo primero que alegó la misma chica, ante tanta insistencia que notó de mi parte (primero por mail y posteriormente ante una invitación por un café a modo de personalizar más nuestro encuentro y con el cual, yo iba a tener la oportunidad de escuchar con mis propios oídos los hechos que, según ella, habían ocurrido.

 Al principio, cuando nuestros primeros contactos se limitaban a ser de forma cibernética, me imaginaba que su aspecto sería totalmente diferente.

Los únicos datos con los que pude dibujar en mi cabeza su persona, eran un nombre, una foto de perfil bastante curiosa y la respuesta que ofrecía a cada uno de mis mails (que cabe decir, denotaban una personalidad de alguien rebelde, irreverente e incluso, hasta ególatra.)

A pesar de mis muchas preguntas, siempre mostró suma paciencia por más obvias que pudieron resultar. Lo curioso es que, entre todas mis interrogantes, más de la mitad, habían sido formuladas para hacerla titubear con su historia, para así poder descubrir la falsedad en su maravillosa historia, que estaba segura, no sería más que un cuento maquilado en la cabeza de una joven, pero al fin y al cabo, falso.

Ella apelaba que ese mismo 17 de mayo, el factor “suerte” fue parte fundamental (casi protagónica) que había influido en el hecho de poder conocer a un personaje famoso y muy reconocido en el mundo del rock: Lemmy Kilmister, frontman y actual bajista de la banda inglesa, Mötorhead (banda que admiro de sobremanera y que en lo personal, me hubiera encantado conocer en persona y de paso, pedirle un autógrafo en su visita a la Ciudad.)

 La curiosa imagen de perfil que tenía, era precisamente de ella dándole un beso en la mejilla al Sr. Kilmister, que más que despertar mi envidia, era una invitación a conocer cuáles habían sido las circunstancias de dicho encuentro.

Claro que siempre estuvo en mi mente que una chica como ella, pudiese resultar una experta en Photoshop o en algún programa de edición de imágenes; Siendo así, podría tener fotos y pseudo-encuentros con casi cualquier personaje. He ahí, el meollo de mi escepticismo.

De acuerdo a lo que relataba, el día del concierto, ella alegaba tener boleto para las localidades más alejadas del escenario y de no haber estado disfrutando al máximo la actuación de las bandas previas a Mötorhead, ya que, realmente lo suyo era encontrarse en la parte más cercana al escenario; no sentada viendo cómo la gente de hasta abajo parecía disfrutar más de lo que ella lo hacía en aquellos asientos con aroma a vómito causado ante el exceso de ingesta alcohólica de algún desafortunado asistente ebrio entre esa sección de asientos.

Al terminar la banda que tocaba antes de Mötorhead en el cartel del festival,  y ante la insistencia de dos personas sumamente ebrias a su lado de querer socializar con ella, decidió salir a tomar un poco de aire al pasillo y alejarse, al menos, hasta que saliera la banda que tanto esperaba.

Sin previa planeación, fue ahí, en ese pasillo, donde ocurrió el primer encuentro de la noche: un hombre de pinta dudosa se acercó a ella amigablemente preguntando cuál era su banda favorita en el cartel. Casi respondiendo por inercia y por reflejo de cortesía, respondió que Mötorhead.

Al parecer, pronunciar ese nombre resultó ser el “Ábrete Sézamo” de la noche y la llave que dio entrada a conseguir un boleto a Backstage para conocer al mismísimo Lemmy Kilmister.

Tras una buena actuación por parte de la banda, lo siguiente en la historia, fue el relato de ese encuentro, de cómo logró chocar un vaso de Jack Daniel’s con Kilmister y cómo pudo tener un brindis de sidra con los demás miembros de la banda. Lo único que quedó en mi cabeza, fue entonces la enorme duda ante un (descarado) posible uso de Photoshop, acompañado de un cuento que a primera instancia, parece sumamente (falso) afortunado.

Está demás describir los demás hechos que la chica me proporcionó y que implantaron en mi cabeza fechas y nombres que bien podría mencionar aquí. Sin embargo, mi intención no es retratar aquí los hechos en forma de crónica, ni mucho menos de hecho noticioso.

Después de las varias pláticas que se dieron entre la protagonista de dicha historia y yo, tras pensarlo seriamente y tras repasar la historia una y otra vez, simplemente, me he decidido a creerla.

El suceso, por demás, es disparatado. Quizá sí sea una mentira (como vaticiné con anterioridad) y sin embargo, creo he decidido creerlo, a manera de redención y como respuesta y modo personal a enfrentarme a la situación a la que nos enfrentamos día a día  escritores amateurs y profesionales: despertar un día simplemente con la determinación de cambiar los parámetros que nos imponemos nosotros mismos.

Mentira o no, sigue siendo un cuento maravilloso del que bien valdría la pena acordarse cada se presente uno de esos días, donde deseamos que no haya sorpresas (ni de las buenas, ni de las malas.)

 
Mötorhead

En un cuento siempre tenemos la posibilidad de relatar las cosas como nos hubiera gustado que sucedieran.

Al fin y al cabo, eso es un cuento. Sea real o ficticio. Elijamos creerlo o no.

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Cualquier cosa nos inspira,

V. Araya.

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