La Fraternidad

De la insoportable levedad del ser y otros demonios.

In Erika on 4 agosto, 2011 at 18:28

Regresaron a casa y cenaron en silencio.
El silencio yacía entre ellos como una desgracia. Era cada minuto más pesado. Para librarse de él fueron pronto a dormir. Por la noche la despertó, ella lloraba en sueños.
Le contó: «Estaba enterrada. Hace ya tiempo. Venías a verme todas las semanas. Siempre golpeabas con los nudillos en la tumba y yo salía. Tenía los ojos llenos de tierra.
»Decías: ‘Así no puedes ver’ y me quitabas la tierra de los ojos.
»Y yo te decía: ‘De todos modos no veo. Si tengo agujeros en vez de ojos’.
»Y un día te fuiste y no volviste durante mucho tiempo y yo sabía que estabas con otra mujer. Pasaban las semanas y tú no volvías. Tenía miedo de no verte y por eso no dormía nunca. Por fin volviste a llamar a la tumba, pero yo estaba tan cansada después de un mes sin dormir que no tenía fuerzas para salir a la superficie. Cuando lo conseguí, tú me miraste decepcionado. Me dijiste que tenía muy mal aspecto. Sentí que te desagradaba terriblemente, que tenía la cara hundida y hacía unos gestos muy bruscos.
»Te pedí disculpas: ‘No te enfades, no he dormido en todo el tiempo’.
»Y tú dijiste con voz falsa, tranquilizadora: ‘Ya ves. Tienes que descansar. Deberías tomarte un mes de vacaciones’.
»Y yo sabía perfectamente qué querías decir con lo de las vacaciones. Sabía que no querías verme en todo el mes porque estarías con otra mujer. Te fuiste y yo bajé a la tumba y sabía que pasaría otro mes sin dormir para estar despierta cuando vinieses y que, cuando llegases al cabo de un mes, estaría aún más fea que hoy y que tu estarías aún más decepcionado.»
No había oído nunca un relato más torturado que aquél. Apretó a Teresa contra su pecho, sintió su cuerpo que temblaba y le pareció que era incapaz de soportar su amor.
La tierra puede estremecerse por las explosiones de las bombas, la patria puede ser expoliada cada día por un invasor distinto, todos los habitantes de la calle contigua pueden ser conducidos ante el pelotón de ejecución, todo eso lo soportaría con mucha mayor facilidad de lo que estaría dispuesto a reconocer. Pero era incapaz de soportar la tristeza de un solo sueño de Teresa.
Regresó al interior del sueño del que ella le había hablado. Se imaginaba que le acariciaba la cara y, disimuladamente, para que no se diese cuenta, le quitaba la tierra de las órbitas de los ojos. Después oyó que le decía aquella frase increíblemente torturada: «De todos modos no veo. En vez de ojos tengo agujeros».
El corazón se le estrechaba de tal modo que creyó que estaba al borde del infarto.
Teresa había vuelto a dormirse pero él no podía conciliar el sueño. Se imaginaba su muerte. Está muerta y tiene pesadillas; pero como está muerta él no puede despertarla. Sí, eso es la muerte: Teresa duerme, tiene pesadillas, pero él no puede despertarla.

De “La insoportable levedad del ser”
Milán Kundera

Este libro, con este fragmento, fue el primero que me hizo llorar. Tuve que cerrar el libro porque las lágrimas no me permitían seguir leyendo y es que, en un momento dado, me transformé en Teresa. Pude sentir todo lo que ella sufría en ese momento. Me apropié del sueño y lo viví tan intensamente como ella. Creo que en ese momento había pasado lo suficiente para poder sentir esta empatía con el personaje.

Me dolió saber que esos hombres a los que pensamos amar, aquellos hombres que nos lastiman, nos entierran de la misma manera en que Teresa se enterraba a sí misma.

Pude sentir la tierra en mis ojos ciegos a la verdad. Ninguno de esos hombres me amó, pero yo me empeñé en creerlo así y en justificar el que ellos me engañaran y se alejaran.

Este libro me sumergió en mi ambivalencia de mujer, ambivalencia que lucho día a día por resolver.

Por una parte queremos ser Teresa con toda su sumisión, con su deseo ferviente por hacer de Tomas el hombre de su vida, por agarrarse de alguien para no caer en el obscuro abismo que supone su vida antes de él. La triste realidad de ver como ella se aferraba a ese hombre que la salvaba del anonimato y de la soledad me golpea fuertemente en la cara.

Y así, igual que Teresa, pasamos la vida siendo desgraciadas y aceptando nuestro destino con sumisión a cambio de un poco de ese amor culposo que nos prodigaban hombres como Tomas.

Por otra parte, está Sabina, la antítesis de Teresa. Personaje de la novela que representa a esa mujer cínica, sensual, despreocupada, irreverente. Ella es esa mujer en la que, tanto nosotras como Teresa, deseamos convertirnos.

Quería leerla miles de veces, quería analizar sus palabras, sus actos, sus pensamientos, para de esa forma poder entender esa manera suya de amar, sin compromiso, sin lazos ni conflictos internos.

Amo esa forma en que se entrega a sus hombres sin pedirles nada a cambio, disfrutando únicamente de esa libertad que le da amarse tanto a sí misma, tan segura de su belleza y su sensualidad. Amo la manera en que transforma sus “carencias” en puro y absoluto placer.

Y así, hundida en la insoportable levedad del ser, continúo ensimismada, leyendo una y otra vez un libro que me muestra esos lados obscuros que todos nos empeñamos en esconder, busco la verdadera esencia de mi permanencia en este mundo, lucho por salir del anonimato que la multitud pretende darme, intento escapar de esas mujeres desnudas que desfilan y que quieren que caiga muerta en una enorme alberca.

Cualquier cosa nos inspira.
Erika

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